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REGIOMONTANA CALIENTE

Anoche fui con mis amigas a un chipendale. Una de las chicas quiso impresionar a las demás, así que sacó un billete de a 100 y cuando el bailarín vino hacia nosotras, mi amiga le pasó la lengua al billete y se lo pegó... ¡en una nalga! Para no ser menos, otra amiga sacó otro billete de a 100, llamó al bailarín, también le pasó la lengua al billete y se lo pegó en la otra nalga!
En otro intento por impresionarnos, otra amiga sacó un billete de a 200, llamó al chavo, le pasó la lengua al billete y ya pensábamos lo peor....pero no, solo se lo pegó en una pantorrilla. En fin, estaba el ambiente cada vez más loco... y otra amiga -¡con un billete de 500!- empezó insinuantemente a llamar al chico.
Yo me empecé a preocupar por como se estaba poniendo la situación, pero por suerte ella sólo le pegó el billete en la otra pantorrilla. ¡Mi alivio duró poco tiempo! ya que viendo la forma en que se estaban desarrollando las cosas, el bailarín giró hacia mí. Seguro que pensaba que yo, picada por las demás, sacaría un billete de mil, ¡ahora si, en que parte de su apetitosa anatomía se lo plantaba!
Mientras todas me miraban, el chico me provocaba con gestos altamente eróticos y sensuales para que yo sacara mi billetote y se lo pegara en alguna ingeniosa forma en esa cosota que tenía y que tan claramente me ponía enfrente a unos cuantos centímetros de mi sonrojado rostro. Mi cerebro estallaba... mientras que yo afanosamente hacía como que buscaba en mi billetera. ¿Qué podía yo hacer?
Entonces apareció la mujer regiomontana que llevo dentro. Agarré la tarjeta del cajero automático, se la pasé por la raya de las nalgas, cogí los billetes que tenía pegados al cuerpo y me fui corriendo a casa.
Ninguna de mis amigas me ha vuelto a llamar.Risa
 

EL PODER DE LA LECHE


Un tipo algo ingenuo, que llevaba meses viajando para atender sus clientes, volvió a su hogar y descubrió sorprendido que tenia un hijo negro. Debido a que él era totalmente blanco, al igual que su esposa, le preguntó a ella:

- Pero ¿cómo es posible que tengamos un hijo negro si yo soy blanco y tú también?
La esposa, muy tranquila, respondió:

-Verás, como no tenía leche tuve que buscarme una mamá de cuna para que amamantara al niño, y como ella era negra el niño se puso de ese color...

El Ingeniero, no muy convencido, decidió ir a consultarlo con su madre, a quien le contó la historia y la madre respondió:

- Claro que puede ser. Fíjate, por ejemplo, en ti mismo. Desde pequeño, cuando naciste, tuve una enfermedad que me impedía amamantarte y entonces te di leche de vaca y mira....
 
¡Qué lindos cuernos te están saliendo…pendejo!